domingo, 28 de febrero de 2010
diario de la agonía
un día, después de los cuarenta, mirándome al espejo descubrí que había muerto. Fué un descubrimiento simple, casi accidental, como el percatarse de pronto que algo habitual en tu bolso se ha perdido. La mujer que al otro lado del espejo me devolvía la mirada era una mujer muerta, sin vida, el rostro enjuto, la piel yerta, el gesto desencajado, la mirada vacía. Al fondo de esos ojos hundidos en la profundidad de unas cuencas oscuras, ya no había nada, tan solo una oquedad infinita extendiéndose hacia la nada de un horizonte desierto.
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2 comentarios:
ay Mattori! pero querías casarte! gustazo que publiques de nuevo!
tenkiu
tenkiu
gustazo que me leas todavía
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