lunes, 25 de febrero de 2008

Miseria humana

El odio debe estar contenido en pequeñas moléculas, como las moléculas de bióxido de carbono, las de agua o las de los aminoácidos. Muchas de estas moléculas juntas deben formar un compuesto mayor: "la rabia". Dentro del cuerpo la rabia, a la manera de las proteínas importantes como la hemoglobina, debe viajar iracunda contenida en la sangre que recorre y comunica rincones del organismo. Este gran compuesto protéico, la rabia, debe también tener, como cualquier otro, mecanismos intrínsecos de regulación, factores de liberación, receptores celulares, factores de inhibición. Muchos de estos factores se sintetizarán y liberarán en el cerebro, como es de suponer. Una mañana, sin previo aviso, la región del cerebro que los regula podrá enfermar, como cualquier otra del cuerpo, o simplemente dejar de funcionar. Entonces el odio empezará a brotar de las células como el agua al centro de un manantial, y sin factores de restricción disponibles, todo ese torrente de odio conformará un gran caudal de rabia circulando sin control a través de la sangre desde su nido en el cerebro hasta la célula más recóndita del cuerpo invadiendo de una marea incontenible de ira cada sustrato, cada tejido, cada nervio, cada músculo, cada territorio virgen e inmaculado del gesto. Ese día el grito largamente contenido se desatará con toda la vehemencia de ese caudal de moléculas ardientes quemando en las entrañas durante tantos años, y el puño de carne y desprecio macizo se vaciará finalmente, sordo, frenético, desquiciado, asesino...
...sobre el rostro desconcertado de algún inocente desprevenido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No has aventurado el pensamiento de que tras todo proceso bioquímico existe la potencia meramente humana del raciocinio y el amor? Sé que puede parecerte idealista, pero esta parte es tan nuestra como la fisiológica. Y al diablo con el cuento reduccionista de las ferormonas.